Todo está narrado desde el punto de vista del protagonista que presencia las reuniones entre clérigos, políticos y nobles de la época con más o menos importancia en el panorama político del momento.
Todos sabemos que las Cortes de Cádiz, como la constitución surgida de las mismas, supuso para España un avance en todos los sentidos pues comenzó vagamente a sentirse los vientos livianos de una democracia que haría mucho por el país. En cambio para la iglesia aquellos vientos estaban cargados de rabia, venganza, hastío y verguenza; con esto quiero decir que aquella inquisición que tanto castigó a España durante casi 400 años, vieron sus últimos días de gloria en el año contiguo a la contitución de las Cortes, o sea 1813. Como comentario histórico a esto último añadiré que un año después Fernando VII volvió a instaurarla, eso sí con mucha menos fuerza, para castigar a los insurrectos que se oponían a su regimen casi dictatorial. Termino esta parrafada diciendo que unos años después, en 1834, la Reina regente Mª Cristina de Borbón Dos Sicicilias, tras la muerte de su esposo Fernando VII, abolió definitivamente el Santo Oficio.





