Una vez más, este antiespañol confeso, aunque en ocasiones se jacte de haber vivido en Sevilla y adorar esta ciudad, nos sorprende con su inigualable facilidad para atrapar al lector desde laprimera página. No sé como lo hace pero es impresionante.En mi opinión el tema del libro no es nada del otro mundo, está en su linea habitual: la iglesia, la tecnología, los enigmas y acertijos, etc. Hace que no puedas dejar el libro y te impacientes en el momento de terminar un capítulo.
La calidad literaria, bueno, para mi no es nada relevante pero la forma de contar la historia, de cortarla donde hay que cortarla y cuando hay que cortarla, es de una precisión extremada. En fin, todo esto junto hace que disfrutemos de una aventura en la que nos envuelve a través de su incombustible personaje, protagonista también en El Código Da Vinci, Robert Langdon.
Otra cosa a destacar, al menos para mi, es que desde que empiezas el libro es como si estuvieras viendo una película en la que el aspecto físico del protagonista, de forma mágica, queda grabado a fuego en nuestro cerebro. Me refiero a la imagen de Tom Hanks, pues tanto es el provecho que ha sacado el autor de este actor que en la obra prescinde completamente de descripción física alguna.





